Son los ojos, siempre los ojos. Dos bolas sin consistencia suficiente, de deslizamiento perfecto, de blanco nuclear y manchas de colores. Que miran y se clavan dentro de ti. No puedes escapar, te atrapan en un brillo invisible que te rodea hasta asfixiar el alma y dejar sin aliento la razón. Que buscan en el infinito y no encuentran fin. Te persiguen sin apenas moverse, enfocando con precisión y deshaciendo tus defensas. Azules, verdes o marrones, o la mezcla de todos y ninguno cuando son negros. Que reflejan lo mejor y lo peor de ti y se quedan con la imagen dentro sin poder tocarla. Que dejan escapar lágrimas a borbotones o con cuentagotas. Que expresan miedo y valentía, alegría y desolación, o lo peor, indiferencia. Que en su imperfección son perfectos y que no necesitan nada, sólo un agujero que se abre y se cierra, mecanismo sencillo de una maquinaria imperfeccionable. Dame tus ojos, quiero hacerlos míos para ver lo que tu ves. Dame la luz que se refleja en esa paleta imposible de colores.
Son los ojos, siempre los ojos.
viernes, 30 de enero de 2009
domingo, 11 de enero de 2009
Ya no
Me pediste que saltara. Yo miraba desde lo alto, y veía la distancia que me separaba de donde estabas tú. Las ganas de saltar estaban ahí, pero me daba miedo. Siempre he sido muy miedoso. Siempre he pronosticado grandes catástrofes que nunca se cumplen, siempre he tenido miedo de equivocarme y no poder dar marcha atrás. No tenía paracaídas, pero da igual porque si lo hubiera tenido no me habría fiado de que fuera a funcionar. Fallan en muy raras ocasiones, pero yo estaría convencido de que me iba a tocar a mí. Y seguí mirando desde lo alto. Te veía sonriendo, te veía mirándome con esos ojos que parecen sacados de otro mundo porque aquí no existen cosas tan bellas. Algo me empujaba a acercarme cada vez más al borde. Me decías sin palabras que no tuviera miedo, que ibas a estar ahí para recogerme antes de que tocara el suelo, que me salvarías con tus brazos fuertes, y toda la adrenalina liberada se convertiría en endorfina una vez hubiera aterrizado. Me tumbé en un par de ocasiones al borde y alargué los brazos para tocarte. Y lo conseguí. Sentí el tacto de las yemas de tus dedos y se me erizaron los pelos de cada centímetro de mi piel. Una electricidad que se desparrama por el cuerpo en ausencia de cables y que fustiga cada célula con una sacudida de vida que deja muerto. Sentía una fuerza cada vez mayor que me empujaba hacia el borde y a veces clavaba las uñas en la tierra intentando contrarrestar esa fuerza, que me arrastraba irremediablemente hacia el límite del vacío lleno de ti. Y gritabas, y pedías que saltara, pero lo hacías sin palabras, sólo con las chispas que salían de tus ojos y que me cegaban aunque cerrara mis párpados para no verte y escapar a toda influencia que no fuera la de mi razón. Una razón en horas bajas porque atisba la batalla perdida frente al corazón, que está ciego y está en una presa sobrecargada y llena de grietas.
Cada vez mi cuerpo está más cerca del filo, y la gravedad empieza a hacer su trabajo. El corazón ya ha ganado, el corazón ya ha pedido que salte, que no tenga miedo, que todo irá bien, y que una vez abajo encontraré el camino. Poco a poco una paz anhelada desde hace tiempo se apodera de mí, y me hace flotar sin estar suspendido, y tú miras como lentamente mi cuerpo va basculando hacia ti, como poco a poco se deja colgar en el vacío y empieza su viaje, lento al principio pero cada vez más rápido. Y yo me dejo llevar, me dejo soñar, me dejo acariciar por el aire que me opone su natural resistencia y que está cargado de partículas de ti, y desciendo con los ojos cerrados porque pienso que no es necesario abrirlos, porque tú estás ahí, y tú me ves volando, consciente de que he saltado.
Abro los ojos y de repente te veo con los tuyos llenos de diminutos cristales rotos en estado líquido, y creo que es de emoción. Entonces veo como intentas levantar los brazos para recogerme, pero no responden, no se separan de tu cuerpo, a veces da la sensación de que por fin adoptan la posición que te permitirá recogerme, pero en seguida vuelven a pegarse al cuerpo con una fuerza brutal, tan brutal que la oigo, como si otros brazos más fuertes que los tuyos te impidieran hacer lo que querías hacer. Y sigo cayendo, y ya no me puedo agarrar a nada, y sé que ya es muy difícil que me puedas recoger, pero siempre veo la esperanza en el más mínimo rayo de luz de tus ojos. Empiezo a oír tu lamento, y un lo siento que vaticina lo peor. No sabes qué te pasa, no sabes cómo de repente te has quedado sin fuerzas. Me intentas tranquilizar diciéndome que todavía no desespere, que necesitas encontrar la fuerza en ti otra vez. Y yo poco a poco voy perdiendo la esperanza, porque sé que es una fuerza que una vez perdida es muy difícil volver a encontrarla. Mi colisión es inevitable y estoy a punto de estrellarme, sálvame.
...
Y al contrario del final de las películas, me estrello contra el suelo. Porque no me has recogido. Porque tus brazos ahora abrazan a otro. Mi corazón estalla en mil pedazos, y todos los trozos quedan esparcidos por el suelo. Quieres ayudarme a recuperarme del golpe y en mi aturdimiento me dejo tocar. Pero me doy cuenta de que ahora siento tu tacto frío, que incluso me produce rechazo. No puedo creerme que me haya caído de tan alto, no puedo creerme que me haya estampado de morros contra el suelo. Yo siempre tan cuidadoso, yo que nunca doy un paso sin tener claro que voy a poder dar otro más.
Ahora no, pero quizá con el tiempo me dé cuenta de que era lo mejor. A pesar de todo siempre he tenido suerte en la vida, siempre he tenido un ángel de la guarda que ha velado por mí. Recojo poco a poco los infinitos trozos de mi corazón y empiezo a pegarlos, y cuando los haya pegado, lo puliré hasta dejar las marcas apenas visibles. Te perdonaré porque soy incapaz de guardar rencor, una de esas virtudes tan menospreciadas pero de tanto valor. Te deseo lo mejor, te deseo que encuentres tu camino. Aunque sea sin mí. Buena suerte. Y sabes que siempre seré tu ángel.
Me pediste que saltara. Yo miraba desde lo alto, y veía la distancia que me separaba de donde estabas tú. Las ganas de saltar estaban ahí, pero me daba miedo. Siempre he sido muy miedoso. Siempre he pronosticado grandes catástrofes que nunca se cumplen, siempre he tenido miedo de equivocarme y no poder dar marcha atrás. No tenía paracaídas, pero da igual porque si lo hubiera tenido no me habría fiado de que fuera a funcionar. Fallan en muy raras ocasiones, pero yo estaría convencido de que me iba a tocar a mí. Y seguí mirando desde lo alto. Te veía sonriendo, te veía mirándome con esos ojos que parecen sacados de otro mundo porque aquí no existen cosas tan bellas. Algo me empujaba a acercarme cada vez más al borde. Me decías sin palabras que no tuviera miedo, que ibas a estar ahí para recogerme antes de que tocara el suelo, que me salvarías con tus brazos fuertes, y toda la adrenalina liberada se convertiría en endorfina una vez hubiera aterrizado. Me tumbé en un par de ocasiones al borde y alargué los brazos para tocarte. Y lo conseguí. Sentí el tacto de las yemas de tus dedos y se me erizaron los pelos de cada centímetro de mi piel. Una electricidad que se desparrama por el cuerpo en ausencia de cables y que fustiga cada célula con una sacudida de vida que deja muerto. Sentía una fuerza cada vez mayor que me empujaba hacia el borde y a veces clavaba las uñas en la tierra intentando contrarrestar esa fuerza, que me arrastraba irremediablemente hacia el límite del vacío lleno de ti. Y gritabas, y pedías que saltara, pero lo hacías sin palabras, sólo con las chispas que salían de tus ojos y que me cegaban aunque cerrara mis párpados para no verte y escapar a toda influencia que no fuera la de mi razón. Una razón en horas bajas porque atisba la batalla perdida frente al corazón, que está ciego y está en una presa sobrecargada y llena de grietas.
Cada vez mi cuerpo está más cerca del filo, y la gravedad empieza a hacer su trabajo. El corazón ya ha ganado, el corazón ya ha pedido que salte, que no tenga miedo, que todo irá bien, y que una vez abajo encontraré el camino. Poco a poco una paz anhelada desde hace tiempo se apodera de mí, y me hace flotar sin estar suspendido, y tú miras como lentamente mi cuerpo va basculando hacia ti, como poco a poco se deja colgar en el vacío y empieza su viaje, lento al principio pero cada vez más rápido. Y yo me dejo llevar, me dejo soñar, me dejo acariciar por el aire que me opone su natural resistencia y que está cargado de partículas de ti, y desciendo con los ojos cerrados porque pienso que no es necesario abrirlos, porque tú estás ahí, y tú me ves volando, consciente de que he saltado.
Abro los ojos y de repente te veo con los tuyos llenos de diminutos cristales rotos en estado líquido, y creo que es de emoción. Entonces veo como intentas levantar los brazos para recogerme, pero no responden, no se separan de tu cuerpo, a veces da la sensación de que por fin adoptan la posición que te permitirá recogerme, pero en seguida vuelven a pegarse al cuerpo con una fuerza brutal, tan brutal que la oigo, como si otros brazos más fuertes que los tuyos te impidieran hacer lo que querías hacer. Y sigo cayendo, y ya no me puedo agarrar a nada, y sé que ya es muy difícil que me puedas recoger, pero siempre veo la esperanza en el más mínimo rayo de luz de tus ojos. Empiezo a oír tu lamento, y un lo siento que vaticina lo peor. No sabes qué te pasa, no sabes cómo de repente te has quedado sin fuerzas. Me intentas tranquilizar diciéndome que todavía no desespere, que necesitas encontrar la fuerza en ti otra vez. Y yo poco a poco voy perdiendo la esperanza, porque sé que es una fuerza que una vez perdida es muy difícil volver a encontrarla. Mi colisión es inevitable y estoy a punto de estrellarme, sálvame.
...
Y al contrario del final de las películas, me estrello contra el suelo. Porque no me has recogido. Porque tus brazos ahora abrazan a otro. Mi corazón estalla en mil pedazos, y todos los trozos quedan esparcidos por el suelo. Quieres ayudarme a recuperarme del golpe y en mi aturdimiento me dejo tocar. Pero me doy cuenta de que ahora siento tu tacto frío, que incluso me produce rechazo. No puedo creerme que me haya caído de tan alto, no puedo creerme que me haya estampado de morros contra el suelo. Yo siempre tan cuidadoso, yo que nunca doy un paso sin tener claro que voy a poder dar otro más.
Ahora no, pero quizá con el tiempo me dé cuenta de que era lo mejor. A pesar de todo siempre he tenido suerte en la vida, siempre he tenido un ángel de la guarda que ha velado por mí. Recojo poco a poco los infinitos trozos de mi corazón y empiezo a pegarlos, y cuando los haya pegado, lo puliré hasta dejar las marcas apenas visibles. Te perdonaré porque soy incapaz de guardar rencor, una de esas virtudes tan menospreciadas pero de tanto valor. Te deseo lo mejor, te deseo que encuentres tu camino. Aunque sea sin mí. Buena suerte. Y sabes que siempre seré tu ángel.
sábado, 2 de agosto de 2008
lunes, 7 de julio de 2008
Co tu hledáš?
buscar
(Quizá voz de or. celta, y esta del indoeuropeo *bhudh-skō, conquistar, ganar; cf. celta *boudi-, ganancia, victoria, irl. ant. búaid, victoria, galés budd, ganancia).
1. tr. Hacer algo para hallar a alguien o algo.
Si le preguntamos a alguien por la calle, al azar, qué busca en la vida, seguramente será incapaz de dar una respuesta coherente. Aquellos que dan una respuesta coherente y llena de confianza seguramente no hayan encontrado lo que buscan. O quizá yo sea demasiado envidioso para aceptar que hay gente que realmente ha encontrado lo que buscaba.
Pero no sabemos lo que queremos, aunque creamos erróneamente que sí. Es como cuando José Luis Moreno pregunta al teléfono a la involuntaria concursante qué va a hacer con el dinerito o con el ordenador Pentium, la respuesta para lo primero suele ser "para tapar agujeros", que a juzgar por esta expresión España es más un queso de gruyer que una península, con el permiso de Portugal. Tapar agujeros es lo suficientemente ambiguo para por un lado quedarnos tranquilos por haber dado una respuesta, y por otro no tener que decir lo que queremos. Y es que la frase siempre es: "pues no sé, tapar agujeros". Y a lo segundo contestará "pal niño" que con toda seguridad lo utilizará para jugar a juegos violentos y cuando sea mayor para ver porno a escondidas con sus amigos.
Y es que no sabemos lo que queremos. Eso está bien. A mí me lo preguntan constantemente, y ya sé que contestar: cuando lo encuentre te lo diré. Anticipar lo que buscamos limita nuestra posibilidad de encontrar lo que de verdad buscamos. Si vamos a una tienda en busca de algo concreto, seguramente pasemos por alto algo que nos va mucho mejor y es infinitamente más barato. También puede pasar que sea infinitamente más caro y entonces se active nuestra conciencia de consumidores desenfrenados, acompañada de su hermano gemelo, el remordimiento de conciencia. Conclusión: buscar es contraproducente. Mucho mejor quedarse en casita cortándose las uñas con unas tijeras de manicura, para que queden redonditas y romas y no rasquen la pierna de nuestro acompañante de turno, que es algo que me da una grima que no puedo. Buscar puede ser hasta peligroso porque reduce nuestra capacidad de atención a lo que nos rodea. Bucar un número en una calle mientras se conduce puede tener consecuencias trágicas, entre ellas cargarnos el intermitente del coche de policía, mal aparcado, y buscarnos la ruina. Porque de cosas terribles, y que también pueden pasar, no quiero hablar.
Buscar también puede ser perjudicial si tenemos la tensión alta, buscar sigfnifica no haber encontrado, si hubieramos encontrado no buscaríamos, y estoy seguro de que la ansiedad de buscar dispara los casos de ataque de miocardio.
Buscar también tiene la desventaja de encontrar lo que no estábamos buscando, y si uno es una persona educada, se encuentra con el problema de tener que rechazar elegantemente algo que nos la trae al payro. ¿Cómo se escribirá "payro", y qué será ese "la"?.
En definitiva, buscar está mal, lo único a lo que tenemos que aspirar es a encontrar, aunque sea buscando...
(Quizá voz de or. celta, y esta del indoeuropeo *bhudh-skō, conquistar, ganar; cf. celta *boudi-, ganancia, victoria, irl. ant. búaid, victoria, galés budd, ganancia).
1. tr. Hacer algo para hallar a alguien o algo.
Si le preguntamos a alguien por la calle, al azar, qué busca en la vida, seguramente será incapaz de dar una respuesta coherente. Aquellos que dan una respuesta coherente y llena de confianza seguramente no hayan encontrado lo que buscan. O quizá yo sea demasiado envidioso para aceptar que hay gente que realmente ha encontrado lo que buscaba.
Pero no sabemos lo que queremos, aunque creamos erróneamente que sí. Es como cuando José Luis Moreno pregunta al teléfono a la involuntaria concursante qué va a hacer con el dinerito o con el ordenador Pentium, la respuesta para lo primero suele ser "para tapar agujeros", que a juzgar por esta expresión España es más un queso de gruyer que una península, con el permiso de Portugal. Tapar agujeros es lo suficientemente ambiguo para por un lado quedarnos tranquilos por haber dado una respuesta, y por otro no tener que decir lo que queremos. Y es que la frase siempre es: "pues no sé, tapar agujeros". Y a lo segundo contestará "pal niño" que con toda seguridad lo utilizará para jugar a juegos violentos y cuando sea mayor para ver porno a escondidas con sus amigos.
Y es que no sabemos lo que queremos. Eso está bien. A mí me lo preguntan constantemente, y ya sé que contestar: cuando lo encuentre te lo diré. Anticipar lo que buscamos limita nuestra posibilidad de encontrar lo que de verdad buscamos. Si vamos a una tienda en busca de algo concreto, seguramente pasemos por alto algo que nos va mucho mejor y es infinitamente más barato. También puede pasar que sea infinitamente más caro y entonces se active nuestra conciencia de consumidores desenfrenados, acompañada de su hermano gemelo, el remordimiento de conciencia. Conclusión: buscar es contraproducente. Mucho mejor quedarse en casita cortándose las uñas con unas tijeras de manicura, para que queden redonditas y romas y no rasquen la pierna de nuestro acompañante de turno, que es algo que me da una grima que no puedo. Buscar puede ser hasta peligroso porque reduce nuestra capacidad de atención a lo que nos rodea. Bucar un número en una calle mientras se conduce puede tener consecuencias trágicas, entre ellas cargarnos el intermitente del coche de policía, mal aparcado, y buscarnos la ruina. Porque de cosas terribles, y que también pueden pasar, no quiero hablar.
Buscar también puede ser perjudicial si tenemos la tensión alta, buscar sigfnifica no haber encontrado, si hubieramos encontrado no buscaríamos, y estoy seguro de que la ansiedad de buscar dispara los casos de ataque de miocardio.
Buscar también tiene la desventaja de encontrar lo que no estábamos buscando, y si uno es una persona educada, se encuentra con el problema de tener que rechazar elegantemente algo que nos la trae al payro. ¿Cómo se escribirá "payro", y qué será ese "la"?.
En definitiva, buscar está mal, lo único a lo que tenemos que aspirar es a encontrar, aunque sea buscando...
sábado, 7 de junio de 2008
Negatividad
negatividad
1. f. Cualidad de negativo (‖ pesimista). (DRAE)
Me gusta leer los periódicos, informarme, saber qué pasa en el Mundo. Sólo sabiendo y conociendo podemos tener un juicio de las cosas, sólo intentando comprender el mundo que nos rodea podemos mejorarlo.
En los periódicos en Internet suele existir la posibilidad de dejar comentarios. Siempre he pensado que es una buena cosa, dar tu opinión. Creo que tenemos que alzar la voz para decir lo que pensamos y plantear nuestros puntos de vista. Poco a poco se va desvaneciendo ese ideal. Los foros de las noticias se han convertido en un estercolero donde la gente sólo interviene para volcar sus frustraciones, su ignorancia, su envidia y su mala baba. Encontrar un comentario constructivo es como que te toque la lotería, mostrar en el comentario capacidad de escuchar a los demás es imposible. Somos poseedores de la verdad absoluta, somos dios.
La negatividad siempre me ha puesto de mala leche. No la soporto, es rendirse ante lo que no somos capaces de entender. La ignorancia va de la mano de la negatividad y cualquier cosa es mala, no se sabe muy bien por qué, pero es mala. No se trata de ser Alicia en el País de las Maravillas, pero cualquier crítica es papel mojado si sólo se basa en la negatividad como pecado original de cualquier acto humano.
No soporto a la gente negativa, no soporto a los que no pueden decir más de dos frases sin el vomitante "sí, sí, pero seguro que...". Es curioso porque la expresión "seguro que" expresa más duda que certidumbre.
Ya he dejado de leer los comentarios de los "lectores", he dejado de poner mis comentarios. Y como no soy una persona negativa, estoy convencido de que sólo escriben los que tienen una vida tan interesante como el sistema nervioso de una ameba.
Siempre me encantó esta canción. En una entrevista al grupo les preguntaron a quién iba dirigida, respondieron que a todos aquellos que sólo pueden ser "felices" si se sienten desgraciados. Para todos ellos: hay luz al final del túnel.
I'm only happy when it rains. Garbage
I'm only happy when it rains
I'm only happy when it's complicated
And though I know you can't appreciate it
I'm only happy when it rains
You know I love it when the news is bad
And why it feels so good to feel so sad
I'm only happy when it rains
Pour your misery down, pour your misery down on me
Pour your misery down, pour your misery down on me
I'm only happy when it rains
I feel good when things are going wrong
I only listen to the sad, sad songs
I'm only happy when it rains
I only smile in the dark
My only comfort is the night gone black
I didn't accidentally tell you that
I'm only happy when it rains
You'll get the message by the time I'm through
When I complain about me and you
I'm only happy when it rains
Pour your misery down, pour your misery down
Pour your misery down on me pour your misery down
Pour your misery down pour your misery down
Pour your misery down on me pour your misery down
Pour your misery down pour your misery down
Pour your misery down on me pour your misery down
Pour your misery down
You can keep me company
As long as you don't care
I'm only happy when it rains
You wanna hear about my new obsession?
I'm riding high upon a deep depression
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me ...
1. f. Cualidad de negativo (‖ pesimista). (DRAE)
Me gusta leer los periódicos, informarme, saber qué pasa en el Mundo. Sólo sabiendo y conociendo podemos tener un juicio de las cosas, sólo intentando comprender el mundo que nos rodea podemos mejorarlo.
En los periódicos en Internet suele existir la posibilidad de dejar comentarios. Siempre he pensado que es una buena cosa, dar tu opinión. Creo que tenemos que alzar la voz para decir lo que pensamos y plantear nuestros puntos de vista. Poco a poco se va desvaneciendo ese ideal. Los foros de las noticias se han convertido en un estercolero donde la gente sólo interviene para volcar sus frustraciones, su ignorancia, su envidia y su mala baba. Encontrar un comentario constructivo es como que te toque la lotería, mostrar en el comentario capacidad de escuchar a los demás es imposible. Somos poseedores de la verdad absoluta, somos dios.
La negatividad siempre me ha puesto de mala leche. No la soporto, es rendirse ante lo que no somos capaces de entender. La ignorancia va de la mano de la negatividad y cualquier cosa es mala, no se sabe muy bien por qué, pero es mala. No se trata de ser Alicia en el País de las Maravillas, pero cualquier crítica es papel mojado si sólo se basa en la negatividad como pecado original de cualquier acto humano.
No soporto a la gente negativa, no soporto a los que no pueden decir más de dos frases sin el vomitante "sí, sí, pero seguro que...". Es curioso porque la expresión "seguro que" expresa más duda que certidumbre.
Ya he dejado de leer los comentarios de los "lectores", he dejado de poner mis comentarios. Y como no soy una persona negativa, estoy convencido de que sólo escriben los que tienen una vida tan interesante como el sistema nervioso de una ameba.
Siempre me encantó esta canción. En una entrevista al grupo les preguntaron a quién iba dirigida, respondieron que a todos aquellos que sólo pueden ser "felices" si se sienten desgraciados. Para todos ellos: hay luz al final del túnel.
I'm only happy when it rains. Garbage
I'm only happy when it rains
I'm only happy when it's complicated
And though I know you can't appreciate it
I'm only happy when it rains
You know I love it when the news is bad
And why it feels so good to feel so sad
I'm only happy when it rains
Pour your misery down, pour your misery down on me
Pour your misery down, pour your misery down on me
I'm only happy when it rains
I feel good when things are going wrong
I only listen to the sad, sad songs
I'm only happy when it rains
I only smile in the dark
My only comfort is the night gone black
I didn't accidentally tell you that
I'm only happy when it rains
You'll get the message by the time I'm through
When I complain about me and you
I'm only happy when it rains
Pour your misery down, pour your misery down
Pour your misery down on me pour your misery down
Pour your misery down pour your misery down
Pour your misery down on me pour your misery down
Pour your misery down pour your misery down
Pour your misery down on me pour your misery down
Pour your misery down
You can keep me company
As long as you don't care
I'm only happy when it rains
You wanna hear about my new obsession?
I'm riding high upon a deep depression
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me
I'm only happy when it rains
Pour some misery down on me ...
miércoles, 4 de junio de 2008
La ley de los ciclos
ciclo
(Del lat. cyclus, y este del gr. κύκλος, círculo).
1. m. Período de tiempo o cierto número de años que, acabados, se vuelven a contar de nuevo. (DRAE)
Nuestra vida es una constante sucesión de ciclos. Algunos más generales que abarcan todo los aspectos de nuestra existencia y que determinan lo que somos. Otros más específicos y limitados que nos hacen pasar por diferentes estados de ánimo. Los ciclos se solapan, y es perfectamente posible que un ciclo bueno coincida con un ciclo malo. Quizá la expresión bueno o malo no es adecuada porque lo que parece bueno puede ser malo y lo que parece malo puede ser bueno, aunque muchas veces sólo podamos ser conscientes de ello con la perspectiva que nos da el tiempo.
Han pasado 4 meses desde que llegué a esta ciudad. Sigo sintiéndome muy bien, pero como toda experienca vital también está sometida a la inexorable ley de los ciclos. Miniciclos en los que nos sentimos inseguros y hasta desesperados por no saber que pasará después (una hora, un día, un mes, un año) y miniciclos que contradicen los otros miniciclos y por ello nos despistan. Muchas veces tengo la sensación de que dentro de nosotros habita otro ser independiente que actúa libremente y que decide lo que sentir o lo que pensar sin darnos oportunidad de intervenir. Cuando los pensamientos coinciden, estamos felices, cuando ese demon se empeña en llevarnos la contraria, o nosotros nos empeñamos en llevarle la contraria, se produce un desfase que nos hace sentir mal.
Yo siempre he creído que el equilibrio ideal es aquel en el que dos fuerzas se complementan, no aquel en el que dos fuerzas iguales se contrapesan. Para alcanzar el equilibrio tenemos que ir ajustando constantemente nuestro sentir (que no nuestros sentimientos que son incontrolables y por tanto inajustables) para contrapesar el sentir del demon. A veces, el demon se vuelve caprichoso, porque no deja de ser el espejo de nosotros mismos, y el ajuste se hace más difícil. Es en es momento en el que se produce el desequilibrio. Afortunadamente la tendencia natural de la persona es buscar consciente o inconscientemente el equilibrio, así que tarde o temprano éste se restablece y todo vuelve a la calma. Empieza un nuevo ciclo.
Hoy llueve, pero hace una temperatura agradable. La lluvia también forma parte de un ciclo, y es el contrapeso que necesita un día soleado para evitar el desquilibrio de lo que nos rodea.
(Del lat. cyclus, y este del gr. κύκλος, círculo).
1. m. Período de tiempo o cierto número de años que, acabados, se vuelven a contar de nuevo. (DRAE)
Nuestra vida es una constante sucesión de ciclos. Algunos más generales que abarcan todo los aspectos de nuestra existencia y que determinan lo que somos. Otros más específicos y limitados que nos hacen pasar por diferentes estados de ánimo. Los ciclos se solapan, y es perfectamente posible que un ciclo bueno coincida con un ciclo malo. Quizá la expresión bueno o malo no es adecuada porque lo que parece bueno puede ser malo y lo que parece malo puede ser bueno, aunque muchas veces sólo podamos ser conscientes de ello con la perspectiva que nos da el tiempo.
Han pasado 4 meses desde que llegué a esta ciudad. Sigo sintiéndome muy bien, pero como toda experienca vital también está sometida a la inexorable ley de los ciclos. Miniciclos en los que nos sentimos inseguros y hasta desesperados por no saber que pasará después (una hora, un día, un mes, un año) y miniciclos que contradicen los otros miniciclos y por ello nos despistan. Muchas veces tengo la sensación de que dentro de nosotros habita otro ser independiente que actúa libremente y que decide lo que sentir o lo que pensar sin darnos oportunidad de intervenir. Cuando los pensamientos coinciden, estamos felices, cuando ese demon se empeña en llevarnos la contraria, o nosotros nos empeñamos en llevarle la contraria, se produce un desfase que nos hace sentir mal.
Yo siempre he creído que el equilibrio ideal es aquel en el que dos fuerzas se complementan, no aquel en el que dos fuerzas iguales se contrapesan. Para alcanzar el equilibrio tenemos que ir ajustando constantemente nuestro sentir (que no nuestros sentimientos que son incontrolables y por tanto inajustables) para contrapesar el sentir del demon. A veces, el demon se vuelve caprichoso, porque no deja de ser el espejo de nosotros mismos, y el ajuste se hace más difícil. Es en es momento en el que se produce el desequilibrio. Afortunadamente la tendencia natural de la persona es buscar consciente o inconscientemente el equilibrio, así que tarde o temprano éste se restablece y todo vuelve a la calma. Empieza un nuevo ciclo.
Hoy llueve, pero hace una temperatura agradable. La lluvia también forma parte de un ciclo, y es el contrapeso que necesita un día soleado para evitar el desquilibrio de lo que nos rodea.
sábado, 23 de febrero de 2008
Caprichosa Afrodita
Afrodita (en griego antiguo Ἀφροδίτη): Diosa del amor y la belleza. Es importante señalar que no era el amor en el sentido cristiano o romántico, sino específicamente Eros (atracción física o sexual)
Wikipedia
Wikipedia
Feos que sois todos unos feos. No es verdad. Todos somos guapos de alguna manera. La belleza es relativa, y tremendamente caprichosa. Si no, ¿cómo se entiende que haya supuestamente feos casados o arrejuntados con bellezones? Y no, no estoy hablando del "por el interés te quiero Andrés" Eros (Cupido siempre me pareció una vulgar copia) a veces se vuelve loco tirando sus flechas. También es verdad que algunos tienen la piel más dura que la de un lagarto australiano y las puntas se parten sin hacer ningún rasguño. Otros tienen la piel de una manzana al horno, y las flechas entrán sin parar, chocando unas con otras y provocando chispas dentro del pobre desgraciado que sufre enamoramiento compulsivo. El enamoramiento compulsivo es una estrategia ideada por mamá naturaleza para pedir a gritos amor. Los enamoradizos compulsivos no tienen amor para dar, sólo quieren recibirlo. La prueba está en la misma metáfora de la manzana. Una flecha clavada en la carne blanda de una manzana al horno, no tarda en caerse. Una clavada en la dura de piel de un lagarto, no sólo no se cae, sino que cuando uno intenta sacarla al final se rompe y la punta se queda dentro (pero sólo la puntita).
Vuelvo a mi idea de que la belleza es caprichosa. Claramente algunos son hijos de Apolo y Afrodita, otros, bueno, bastardos. Pero si Afrodita ha fornicado con un dios poco agraciado tenemos dos alternativas. Todos La atracción
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